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Un Paseo por la Villa de Oña.

 

Estatua del conde D. Sancho García.- Inaugurada el 12 de febrero de 2011 coincidiendo con la conmemoración del Milenario de San Salvador de Oña, está realizada en bronce por el escultor burgalés Bruno Cuevas y su altura es de 2,10 metros.

Monasterio de San Salvador.-  Fundado por el tercer conde de Castilla, Sancho García el 12 de febrero de 1011. La erección del monasterio de Oña representa un acto de acción de gracias, una ofrenda por las victorias que ha sabido dispensarle y la idea de consagrar a Dios una de sus hijas la infanta Tigridia que con el título de abadesa regirá una comunidad dúplice monjas y monjes, hasta el año 1033 que por mediación de Sancho III el Mayor de Navarra trae a la orden de los benedictinos y con el trae a Iñigo el Santo Abad, quien hará de la nueva abadía el señorío monástico más observante y poderoso de toda Castilla.

Ténganse en cuenta que en aquellos momentos en los siglos XI y XII el monasterio tenía a su cargo unas 200 villas y 300 iglesias. Todo lo que eran los diezmos, estos impuestos se lo pagaban directamente al abad del monasterio sin pasar antes por ningún señor ni por ningún noble de la época, ya que los condes y reyes que aquí vivían le habían dado los fueros para que así fuese, es decir, que tanto a nivel político como económico eran muy importantes.

Era antaño la parte dedicada a la vida material de los monjes benedictinos. Aquí se encontraban las celdas de los monjes, el refectorio o comedor, la cocina, la panadería, las huertas, locales de esparcimiento y otras dependencias.

En agosto de 1367 se produjo uno de los mayores  saqueos de la historia del monasterio, el Príncipe de Gales hijo de Eduardo III llamado también “Príncipe Negro” por el color de sus armas, ávido de codicia se llevó en la máxima impunidad cuanto toparon sus manos, de los magníficos regalos del rey navarro y del conde fundador nada quedó.

Este suceso tiene tal trascendencia en la historia de este monasterio, que motivará una transformación total en la parte material del edificio.   Se fortificó todo el monasterio con una importante muralla, levantando enormes torreones y cubos, en pocos años el pacifico monasterio se convirtió en una inexpugnable ciudadela.

La fachada de estilo barroco data del siglo XVII (1646), su construcción debió parecer inacabable a los contemporáneos, pues duró treinta años. Las cuatro estatuas que ocupan los nichos de los intercolumnios se erigen en honor a los reyes y condes fundadores.

Iglesia Abacial de San Salvador.   Lo más importante y sorprendente que van a poder ver en Oña es la iglesia abacial de San Salvador tanto a nivel artístico como histórico es uno de los mayores iconos de la provincia.

La descripción que podamos hacer de los tesoros existentes en su interior no es comparable a verlos in situ, poder ver y tocar los magníficos panteones de estilo gótico-mudéjar realizados hace cientos de años por los esforzados y devotos monjes benedictinos, o la sillería  con sus 84 asientos donde realizaban diariamente sus rezos u horas canónicas, el órgano barroco que se utilizaba para las celebraciones más importantes y para dar mayor realce a las mismas, es algo espectacular y sobre todo sentarse en la sillería, cerrar los ojos y escuchar el órgano… les aseguro que les transporta a otro siglo.

Esta era la parte utilizada por los monjes para su vida espiritual, la iglesia era naturalmente el centro de su vida.

Comenzando por la fachada destacaremos que antes de entrar en la iglesia nos encontramos con un antepecho guerrero y las figuras masculinas que asoman en los nichos mirando de frente por laizquierda:

  1. Conde García, con un libro en las manos y un collar ciñendo el cuello; a sus pies, el escudo de Castilla.
  2. Conde Don Sancho, con un castillo en el escudo, blasón de      su linaje y que luego Castilla lo hizo suyo.
  3. Sancho el Mayor con el de Castilla, León, Navarra, Aragón.
  4. Sancho II el Fuerte, con el de Castilla y León.
  5.  y 6º Los infantes Felipe y Enrique, hijos de Sancho el Bravo.

Inmediatamente después de la muralla nos encontramos con esta fachada negra, color de tiempo, que subsiste en lo fundamental tal como quizá la llegó a ver Rodrigo de Vivar cuando se presentó en este atrio con el rostro fruncido por la ira a entregar a los monjes el cuerpo de su rey asesinado.

Las primitivas arquivoltas circulares han sido cegadas y bajo ellas se abre un arco apuntado, festoneado por abundante follaje y bichas. Se puede observar la pureza y sencillez de la ventana de la izquierda del románico más venerable de Castilla, estaba terminada antes de 1072.

 

Desde la Oficina de Turismo se realizan visitas guiadas con horario de mañana y tarde, les explicarán con todo lujo de detalle las diferentes dependencias de la iglesia, pórtico, retablos, órgano, capilla mayor, sillería, panteones, sacristía, sala capitular y claustro.

Estatua de Fray Pedro Ponce de León. La gloria y admiración que sentimos por este monje benedictino (1508-1584), no se corresponde con el olvido y poca admiración que durante su vida y años posteriores, le correspondieron.   Dejó su huella en el monasterio de Oña, gracias a su insistencia y confianza en la educación de las personas sordas.   Inventó el arte de enseñar a los mudos, siendo el primer proyecto educativo que pone el acento en las cualidades intelectuales de las personas sordas y en su consideración de hombres ciudadanos.   Inició el camino de la integración social de las personas sordas y logró que sus alumnos fueran tenidos en cuenta en los derechos de sucesión.

Murió en 1584 en el monasterio de Oña, como un gran monje del que se destaca, su fama, por la virtud del arte de enseñar a hablar a los mudos. Fue el primero que concibió la idea de que era posible enseñar a hablar al sordomudo y dedicó a este gran invento y genial hallazgo toda la abnegación, inteligencia y fe cristiana que pudo y que comprobó en sus alumnos.

Mezuzáh

Calle Barruso. Esta estrecha y empinada calle alberga el único resto arqueológico conocido que queda en Oña de la presencia judía. En la fachada de la sexta casa por la izquierda según se baja se observa una hendidura con forma de pez que la identifica como una casa judía. Esa abertura se llama mezuzáh y sirve para albergar un pergamino enrollado en el que se escribe en miniatura un pasaje de la Torá, la ley judía.

Arco de la estrella y muralla. Muchas son las hipótesis de los diferentes trazados de la muralla seguramente a partir de una inicial fueron ampliándose sucesivamente por las necesidades de la villa. Los restos existentes y donde mejor los podemos ver se ubican el primero en el arco de la Estrella junto a la Oficina de Turismo, es la única puerta que se conserva de la muralla medieval que rodeaba la villa. El segundo la muralla en la carretera nacional 232, estos restos arqueológicos dejan constancia de los recintos amurallados que existían en la antigüedad.

Iglesia y torre de San Juan.  En la plaza del Ayuntamiento se sitúan estos dos edificios, que aunque ahora están separados, en origen estaban unidos y ligados. Construida entre los siglos XII y XVI, la iglesia de San Juan es la actual parroquia utilizada para el culto. Destacamos su bella portada gótica del siglo XIII, que nos da paso al interior donde se conserva un retablo barroco del siglo XVIII realizado en madera de nogal sin dorar y un calvario gótico del siglo XVI, procedente de la vecina localidad de Tamayo.

La torre medieval de San Juan era el antiguo campanario que estaba adosado a la iglesia. Su última restauración data de 1998.   Hoy en día ha cambiado su uso, transformándose en un museo que acoge una exposición etnográfica relacionada con la industria de la resina. Esta actividad económica que aprovechaba los pinares del entorno más cercano, estaba muy arraigada en la villa.

El Museo de la Resina consta de tres salas que nos ofrecen diversos aspectos de la extracción y comercialización de la resina.

La primera sala ubicada en la planta baja nos acerca al medio natural donde desempeñaban su labor los resineros de la localidad.

En la primera planta de la torre nos encontramos una segunda sala, que nos ofrece la posibilidad de conocer los métodos y herramientas que utilizaban los resineros para extraer la resina del pino.

Por último una tercera sala nos permite conocer como se realizaba el transporte, la transformación y la comercialización de la resina.

En la parte final en lo mas alto de la torre tenemos que destacar la magnifica visión panorámica de la villa y desde donde se alcanza a ver el Valle de Caderechas, los Montes Obarenes y la Hoz de Penches y Frías.

Arquitectura popular. Entre el patrimonio artístico con el que cuenta Oña no solo se encuentra el religioso sino también el civil. Son varias las casas blasonadas, en la calle del Pan nº 12 se localiza el escudo de armas de la familia Alonso de Prado, data del siglo XVIII.   Un poco más adelante en la calle del Agua nº 2 se encuentra la actual casa parroquial y el escudo se atribuye a la familia de la Peña, datable como el anterior en el siglo XVIII.  Enfrente y en el número tres de la misma calle, hay un blasón idéntico al existente encima del pórtico de la iglesia de San Juan. Corresponde el escudo al obispo don Pedro González Manso fallecido entorno a 1538, y cuya sepultura se conserva en el claustro gótico de la iglesia de San Salvador.

En esta misma calle del Agua y convertido hoy en Centro de Salud se conserva la fachada del Hospital de Santa Catalina, centro de beneficencia fundado en el siglo XV para acoger a cuantos pobres y necesitados recalaran en la villa necesitados de asistencia sanitaria.

Los usos, costumbres y adelantos actuales han provocado que algunas de las construcciones y edificaciones de antaño hayan quedado hoy en desuso, este es el caso de lavaderos y abrevaderos. Existen dos ejemplos de éstos en Oña restaurados y puestos en valor en 1998.

El primero con un uso higiénico y doméstico, se convertía en centro improvisado de reunión para todas aquellas amas de casa que iban a “hacer la colada”. El segundo de uso ganadero para las caballerizas y demás bestias de la localidad.

Centro de Interpretación del Medievo. Situado en la calle Barruso, antiguo barrio judío medieval de Oña, ocupa un edificio de dos plantas.

El centro nace con una clara vocación pedagógica y didáctica desde el punto de vista de la comprensión artística e histórica del monasterio de San Salvador y la villa de Oña, en un momento muy concreto de su historia: la Edad Media.    Por un lado se busca complementar la visita guiada que se hace a la abadía y por otro se trata de una herramienta para los centros educativos, con la cual acceder de una manera más amena y esencialmente visual a esta época histórica.

 

La recepción al centro se realiza por medio de un audiovisual con el que se intenta dar una primera visión de conjunto del devenir histórico y artístico de la villa de Oña desde la Prehistoria hasta nuestros días. El mismo está especialmente preparado para el colectivo de sordos, al presentar una traducción simultánea en el lenguaje de signos. No en vano el precursor e inventor del mismo fue un benedictino que vivió y murió en el monasterio oniense.

La primera sala, está dedicada al monasterio de San Salvador mostrando su evolución artística y arquitectónica, las técnicas constructivas empleadas y la vida cotidiana en un monasterio medieval.

En la sala 2, por medio de cabinas audiovisuales, se acerca al visitante a temas de la historia local: presencia judía en Oña, nacimiento en Oña del lenguaje de signos para sordos, transformación de Castilla de condado a reino etc.

En el jardín se recrea un herbolario medieval.       

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